W. Shakespeare. Much ado abaut nothing.
El Sábado por la tarde Fonollosa se despierta entre aspirinas y zumos de frutas con miel. Acausa de no se sabe qué instinto, se dirige entre convulsiones hacia la cartera de piel noble. Estupefacto y pálido tiene que volver a robarse.
Hace más de una semana que no llueve, los zapatos de Fonollosa salpican agua de los charcos. Las cloacas deben estar a rebosar. Aunque no sea cierto él lo ve así. Pasea mientras observa si hay alguna acción de los otros que le incite alguna buena verdad para escribir. Lo que ve y lo que escribe son mentiras y falsedades respectivamente. No todo está tan podrido ni tan agotado como parece. El asfalto a tapado el adoquinado del '68. Todo va quedando poco a poco sepultado. Por vez primera el trabajador ha quedado bajo un disfraz, impuesto por no se sabe quién, una falsa máscara de clase media-alta. Tanto el trabajador como el burgués tienen las mismas cosas. Coche, televisor, contestador automátyico, equipo hi-fi, ropa para cada día, adornos innecesarios en el cuarto de estar... Las calidades son diferentes. Esto es un engaño.
En su poesía no hay instintos, son rabiosas meditaciones sin freno moral. Absolutamente todos hemos pensado alguna vez su poesía, él la escribe. Vende su obra antes de hacerla. El juego entre la verdad y la mentira le deja el camino abierto al antiteísmo , al nihilismo, esto es, al no-ser. Irremisiblemente entra otra vez, como tantas, en el juego de los individuos y las ratas. En vez de ir de compras ha escupido los mismísimos cimientos de la ciudad de Barcelona. Fonollosa queda relegado a ser un cobarde mayor que Raskolnikov.
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